Imagen de virutas de madera.

El artesano ciego

Ese artesano ciego, sí ciego, ciego por convicción, cansado de ver injusticias mundanas. Se refugiaba en su taller tallando pedazos de madera, disfrutando de su aroma y evocando viejas formas.

Aquel día sintió un bloque pesado. Acarició sus líneas curvas y suaves. Tras recorrer sus formas se percató de que era un corazón femenino. -Muchacha, esta pieza está esmeradamente terminada, no hay nada que yo pueda hacer-. La chica, caminaba nerviosa de un lado a otro del taller, arrugaba la tela de su vestido entre sus manos temblorosas mientras repetía en voz baja –Algo le sucede, me hace daño…

El artesano, concentrado en el robusto corazón de madera, sintió la brisa de los paseos nerviosos de la muchacha y comenzó su labor con gran maestría y delicadeza, mostrando un gran respeto por esa pieza inerte.

Lo había vaciado de virutas, haciéndolo ligero. Ahora la parte delantera era una ventanita horadada que dejaba pasar la luz del sol. – Muchacha, lleva en tu corazón sólo lo que no te haga daño.

Al terminar lo depositó entre las manos de la muchacha, que en ese momento sólo deseaba una cosa en el mundo, que el artesano pudiera ver la felicidad en sus ojos. Ese artesano ciego, ciego por convicción…

Imagen destacada de Clem Onojeghuo en Pexels.

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